
Concept cars · 2000
Un SL para quien todavía vive de alquiler.
Detroit, enero de 2000: Mercedes puso una flecha de Fórmula 1 sobre un piso sándwich de Clase A y preguntó si la sensación de roadster podía encogerse a 3,77 metros.
El encargo era casi descarado: coger la sensación de conducción de los SL clásicos y trasplantarla a la clase compacta. El carrocero Stola construyó el estudio a finales de 1999. En el NAIAS 2000 salió plateado, descubierto y afilado como un Gran Premio que hubiera extraviado sus alerones.
Mercedes lo dirigía a compradores jóvenes que veían la conducción como placer, no como estatus. La entrada tenía que caber en una cartera de Clase A.
Capítulo I
Piso sándwich, morro en flecha.
Bajo el capó largo había mecánica de Clase A: el cuatro cilindros de 1,9 litros del A 190 — 92 kW (125 CV) — cambio manual de cinco marchas, tracción delantera, ejes de Clase A modificados con ESP y asistente de frenada. Velocidad máxima 209 km/h; consumo 7,1 l/100 km.
El aluminio y el plástico mantuvieron el peso en vacío DIN en torno a los 950 kg. En un choque frontal serio, el grupo motopropulsor estaba diseñado para colarse bajo el piso, al estilo sándwich de la Clase A, dejando el habitáculo intacto.
La cara era el mensaje. Ese morro afilado con la estrella central y el capó con perfil de ala estaban tomados del futuro SLR McLaren — la prueba de que el grafismo podía funcionar en un coche que no era un superdeportivo.
Dentro: volante, palanca de cambio, dos esferas de cronómetro, unos cuantos interruptores en la consola. Metal pintado, aluminio mate, estructuras transparentes perforadas, cuero de silla sobre asientos de fibra de carbono. Menos joyería, más intención.
- Longitud
- 3,77 m
- Potencia
- 125 CV
- Peso
- 950 kg
- Velocidad máxima
- 209
- km/h

Capítulo II
Demasiado listo para la hoja de cálculo.
La serie no llegó nunca. Las previsiones de coste y los compromisos de plataforma mataron al roadster compacto antes del utillaje. Lo que sobrevivió fue el morro: el SLK R171 de segunda generación llevó, en 2004, el grafismo afilado del Vision SLA al concesionario, mientras la Clase A siguió siendo un compacto de portón.

Epílogo
El sueño asequible que se quedó en sueño.
Cada generación de Mercedes acaba preguntándose si el deporte puede ser barato. El Vision SLA fue una de las respuestas más claras — y una de las negativas más claras. Sigue ahí como recordatorio de que la casa intentó una vez poner un morro de F1 en un presupuesto de primer coche. El SLK se quedó con la cara. Los chavales se quedaron con el compacto.